• Maggie Giorgi

5 lecciones sobre el aprendizaje que tenemos que aprender y enseñar

Aprender. Enseñar. Aprender. Enseñar.

La vida es una eterna espiral de aprender y enseñar.

El gran sabio Confucio decía “Oigo y olvido. Veo y recuerdo. Hago y entiendo”.

¿Qué aprendemos de esta idea?

No se trata solo de entender. Se trata de incorporar lo nuevo a mí, dejar entrar ideas y posibilidades que no había dentro mío y apropiármelas, y para eso es importante que haya una vivencia.

Muchas veces queremos entender por qué pasan las cosas, por qué alguien actúa de la manera que actúa, cómo fulano hizo tal cosa si es obvio que no es así, y miles de palabras que se charlan día a día en el programa “hablemos sin saber” del qué formamos parte.

Y así como Confucio ordenó los tres niveles de aprendizaje, quiero compartirles algunas ideas de deconstrucción para aprender.




1. Saquemos la palabra aprender de lo académico.

Estamos adiestrados a que aprender es un acto que sirve para cuando nos formamos académicamente o luego con fines laborales. Es cierto, ahí nos enseñan hasta un método para aprender las cosas.


¿Qué pasa si colocamos esa energía y predisposición al aprendizaje cuando se trata del plano afectivo? Aprender no es solo información nueva. Aprender nos transforma por dentro, nos convierte en seres nuevos. Por eso cuando vivimos situaciones de estrés o de pasión o de alegría o de miedo (la emoción que quieran) es importante que le demos un carácter de aprendizaje. ¿Cómo? Incorporando ese conocimiento a mí.


2. El aprendizaje nos transforma.

Jean Piaget hablaba del proceso de aprender como asimilación y acomodación. Por ejemplo, cuando aprendemos a mover un objeto primero asimilo el movimiento y luego de entrenarlo varias veces, acomodo esa información nueva en mi. Al acomodar algo se transforma y soy un ser distinto, con una nueva capacidad.

Este mismo mecanismo se ejecuta con las emociones. Cuando aprendemos que algo nos da miedo, todo nuestro cuerpo se entera y reacciona frente a ese estímulo. Somos un todo con el cuerpo. Por eso muta acompañando los movimientos de nuestro aprendizaje.

3. Aprender de mi.

El Otro como espejo nos enseña muchas veces cosas de nosotros mismos.

Acá va un pique: cuando algo nos enoja mucho del otro es porque es algo que habla mucho de mi. Ahí tenemos información para aprender.

Y otro tip. Si algo que vivimos no lo procesamos correctamente, el aprendizaje no se acomoda en nosotros entonces la vivencia no fue productiva.

4. Aprender con el otro.

Lev Vygotski era un pensador ruso que entendió que existe un acelerador a la hora de aprender: el Otro. El lo llamó Zona de desarrollo próximo a ese espacio que se genera entre dos personas (o personitas en los niños) donde uno sabe hacer algo y el otro no, entonces el que no sabe, al imitar al que sí aprender mucho más rápido. Eso podemos pensarlo en todos los órdenes del aprendizaje. Como cuando otro nos muestra cómo se hace para soltar el pasado, disfrutando el presente que nos propone.


5. Enseñar. Lo más gratificante.

Flitz perls, maestro de la psicología Gestaltica hablaba de que la cura se da por contagio. Entonces si el terapeuta es una influencia positiva entonces podría enseñar desde la actitud. Esta idea es interesante en todos los órdenes de la vida. Si aprendimos algo es importante compartirlo y contagiarlo. El saber es un tesoro para compartir, no para acumular.

:::EL RESUMEN PARA TERMINAR DE APRENDER:::

Cuando aprendemos algo nos damos cuenta porque la experiencia transforma nuestra manera de pensar y sentir y eso es terapéutico. Cuando aprendemos algo es importante evolucionar ese aprendizaje en una nueva forma de vivir ciertos estímulos.

Y por último, no estamos solos en la tierra, y aprender es más lindo si podemos compartirlo con otros para multiplicar la experiencia del saber. Esto, en todos los niveles de la vida. Touché.