• Maggie Giorgi

5 pensamientos para entender mejor a la muerte

La muerte es un lugar muy magnético. No es un tema que pase desapercibido ni indiferente.

Hay mucha teoría en torno a desde cuando tememos a la muerte. Según la teoría del apego recién después de los 5 años podemos experimentar ese miedo ya que asociamos la muerte con la separación.

También hay quienes dicen que la noción de muerte nace con nosotros (Melanie klein) y nos estructura.

Kilos de papel escrito respecto a la muerte. Pero en este caso quiero dejar algunos píxeles de ideas útiles para llevarnos mejor con la muerte.


El duelo nos trastoca el tiempo cronológico.

La pérdida de un ser querido es un proceso difícil afectivamente hablando. Pero también cuesta procesarla porque nos desorienta cronológicamente.

En el duelo, el futuro se queda despoblado ya que previamente había construido un futuro con la persona ausente y, cuando ésta desaparece, lo hace también el futuro construido con ella. El pasado se traslada al presente alterando con ello el tiempo cronológico que se hace eterno.


Somos la única especie que sabe que va a morir.

Por eso somos la especie que desarrolla neurosis. Ganas de controlarlo todo. Porque si controlamos lo más posible, la fantasía me dice qué tal vez cueste más que la muerte aparezca. Entonces vamos a hacernos chequeos, comer sano, hacer deporte, evitamos todo riesgo. Y así tal vez la muerte demore más.

La angustia de muerte nos acerca a la depresión.

Freud hablaba de la “pulsión de muerte” como lo opuesto a la pulsión de vida, que es donde se desarrolla la capacidad de amar. Existe una y otra porque vida y muerte son componentes de la vida y las polaridades rigen nuestra manera de sentir. En la pulsión de muerte o Thanatos nos aislamos, nos achicamos, perdemos optimismo y arranca la angustia que si se vuelve crónica se establece el modo depresivo. Que exista la pulsión de muerte es natural pero todo en su justa medida. Dar lugar a la angustia nos hace bien, es necesario como modo de autorregulación afectiva. Dejar que se quede y se vuelva crónica nos acerca a lugares más locos y estancos, muy parecidos a la muerte.


El miedo a la muerte nos hace jugar al muertito.

El neurótico obsesivo se estructura desde la infancia buscando con el pensamiento formas de controlar y retener. Como todo, hay niveles. Desde el pensamiento ahorrista al déspota. Lo cierto es que, como decía Lacán, el neurótico obsesivo vive la vida jugando a hacerse el muertito para que la muerte cuando pase, no lo note y no quiera llevarlo. Entonces controla. Mide. Ahorra. Piensa bien las palabras. Se ríe menos. Piensa más. Y después en los sueños PUM!


Por el contrario, si vivo intensamente estoy más cerca de la muerte. Esta es la continuación de la fantasía de control del neurótico obsesivo. Vivir intensamente me recuerda que estoy vivo, ergo, soy proclive a ser seleccionado por la muerte.

Estos pensamientos son ideas a tener presente para tomar contacto con la muerte. Porque morir también es ley de vida y aunque podamos cuidarnos más que otras especies a todos nos tocará. Entonces, qué sí podemos controlar?

Tratemos de no controlar mucho porque es una palabra siniestra, pero si intentar disfrutar más el hoy, que es el momento garantido de que estamos vivos. No dejemos para el futuro deseos que podemos efectivizar hoy. No suframos por un futuro incierto. Abrazar el hoy es estar vivo.

© 2016 by Magela Giorgi.