• Maggie Giorgi

Aceptar, resignar, conformarse. Tres cosas bien distintas.

Muchas veces en la vida tenemos que pasar por fases de dejar ir un ideal, o a una persona, una idea, un sueño. Porque no es fácil que todas nos salgan bien, yo diría que al contrario, es más la cantidad de tiempo que nos pasamos intentando a la cantidad de logros que alcanzamos. El punto es que cuando algo no sale como nosotros queremos, el narciso que vive dentro nuestro, queda herido. Se enoja, se frustra, capaz niega por momentos, putea, no quiere soltar. Está bueno igual que pase eso en alguna medida, porque habla del amor que le ponemos a las cosas. El tema es que cuando no salen tenemos que entrar en una fase que Melanie Klein (una post psicoanalista muy interesante) llama la fase depresiva. Refiere a cuando somos bebés que vivimos en una posición donde todo lo que deseamos sucede, lloro y viene mamá, hago un ruidito y aparece la comida, pataleo y me cambian el pañal. Esa fase se llama esquizoide porque es el momento en que pensamos que somos uno con el entorno, que hacemos un estímulo y el entorno responde. Pero, un día lloramos y mamu no viene a hacer upa. Ahí empiezan las primeras veces que nos frustramos y entramos en la fase depresiva donde hay que asumir que lo que queríamos que pase, no va a pasar.

Me interesa diferenciar los términos. Porque son procesos diferentes con resultados diferentes.

Conformarse Esto es una resolución a medias. Porque no cerramos el ciclo de la necesidad. No está satisfecha. Ojo, tiene un elemento interesante que es una intención positiva que nos lleva a ver el vaso medio lleno aún cuando no logramos el objetivo. Igual insisto. No está cerrado el asunto y la solución de conformarse no hace más que dejarnos un poquitito atados a esa frustración, con un nivel de tristeza mediano. Si sostenemos esta conducta mucho tiempo la quedamos. Vamos al camino gris de la tristeza.


Resignar Se parece a la aceptación porque ya no insiste más. No pone resistencia al cambio. En ese sentido parece una decisión saludable porque todos sabemos que resistencia + dolor: sufrimiento. El tema es que la persona que se resigna se entrega y no puede hallar nada positivo ni constructivo en esa actitud. Se abandona, pierde su poder personal, y, al hacerlo, no construye, sino que retrocede en su vida. La persona que se resigna asume el papel de víctima. Eso implica qué hay un otro que si es responsable por lo que estoy viviendo, entonces en algún nivel hay una idea un poquito loca de narciso pensando que hizo algo mal y por eso no recibió lo que deseaba.

Aceptación Acá viene la actitud constructiva. En lugar de preguntarnos “por qué a mí me pasan estas cosas” la pregunta mi querido lector, es Para qué. No porque haya que creer en un equilibrio universal en el que haya un aprendizaje que nos atraviese producto de un ser divino. No. Tiene que ver con dejar entrar lo nuevo. Permitirnos transmutar en otra figura. Esto es, incorporar el aprendizaje y el dolor, vivirlo un poquito, conocerlo porque ya es parte de nosotros y ahí empezamos a hablar de aceptar que algo existe.

No somos perfectos ni sensei de la vida. Pero estas sutilezas cambian la forma de ver cómo procesamos el dolor y por ende, cambian la manera en que lo transitamos.

Intentá tener esto presente frente a la próxima frustración. Intentá que gane la aceptación.

© 2016 by Magela Giorgi.