• Maggie Giorgi

¿Celos, yo?

Los celos, mis queridos amigos.

Todos más o menos sabemos lo que son. Pero ¿de dónde vienen? son producto del miedo por perder privilegios o relaciones personales, ya sean de amistad o amorosas. Los celos por amor son más famosos y a la vez seguramente más destructivos para la propia imagen y para la relación, porque implican un mayor compromiso que las amistades.

Las personas que experimentan celos quieren tener la exclusividad de aquello que creen que es de su propiedad, tienen una concepción errónea de lo que significa una relación afectiva ya sea amorosa o de amistad y la idea obsoleta de que amar significa poseer.

los celos, en lugar de alimentar el amor, lo van apagando, pues no son producto de un amor y un interés real por la persona, a quien no se considera como un semejante, sino como un objeto de la propiedad de otro que debe pensar, sentir y actuar como su dueño lo ordena.

De todo lo anterior se genera, por parte de quien siente el fuego de los celos, la tendencia a controlar, vigilar, examinar, aprisionar, incluso intimidar y amenazar de manera explícita o velada, no permitiendo que sea el otro o la otra quien elige, por voluntad propia, quedarse en la relación y amar con libertad.

Y ojo con la idea de que “esta es mi manera de querer”, no por hacerlo de toda la vida implica que sea sano. Si estás a tiempo de dejar ir esta mochila afectiva, te recomiendo tomar medidas para hacerlo.



Celos. La punta del iceberg

Los celos son solo una manifestación de algo más grande.

Por eso para superarlos, el trabajo terapéutico debe ser honesto y profundo. Trabajar por ejemplo, la capacidad de perder afectos. En la vida nunca se puede estar seguro absolutamente de nada y que, tarde o temprano, por alguna razón, incluida la muerte, tendremos que separarnos de aquello que amamos y esta verdad para muchos es demasiado dolorosa por su propia historia o creencia.

El miedo al abandono puede ser una causa de mucho estrés también, porque en el fondo, si nos enseñaron tanto que poseer es la fórmula del éxito, tener una carrera, tener una casa, tener una familia, tener amor, tener, tener, tener, entonces cómo no nos va a dar miedo perder lo duramente obtenido? Ok, pero los afectos no son lógicos ni son pertenencias. El afecto es esa magia que ocurre cuando realmente hacemos contacto con el otro y ese instante se hacer carne en felicidad. Como un colibrí. Que viene, hace su magia y se va. No podemos poseerlo. Sucede o no sucede. Podemos intentar repetirlo, pero no encerrarlo en una jaula y perpetuarlo.


Checklist básico de preguntas

Vamos a indagar un poquito. Acá van algunas preguntas básicas para ver si tenés un problema de celos. Si hay mayoría de respuestas “sí”, estaría bueno que contemplaras la posibilidad de trabajar en ello.

¿Te ves obligado a controlar los movimientos de tu compañero/a?

¿Muy a menudo te muestras indignad@ ante su manera de vestir o actuar?

¿Sentís que tus amigos cada vez te simpatizan menos?

¿Te crees mejor conocedor de los sentimientos de tu pareja que ella misma?

¿te cuesta darte cuenta si son ideas tuyas o es real?

¿Te cuesta tener relaciones duraderas porque te carcomen los celos?

¿Te estás enojando fácil?


5 Tips para superar los celos


Porque claro, después de todo esto muchos estarán pensando “y ahora que hago?”

Acá van algunas herramientas para entender por donde transitar el camino del amor sano.


1. El amor es intangible. No se puede tener.

Como decía antes, nos enseñan que tener es mejor que no tener. Y ahí capaz adiéstranos a nuestro cerebro a leer que el amor también es algo que podemos tener. Pero no. Ni cerca. El amor es esa experiencia efímera que ocurre en el encuentro, tanto el amor de pareja como el de la amistad, o el de compañeros de trabajo. Ese momento de disfrute. Brillantina que emerge del momento. Podemos hacer equipo, intentar repetir una y otra vez la escena para que vuelva la brillantina pero lo cierto es que si le ponemos expectativas y presión, la brillantina no aparece. Relajate y disfrutá. El amor aparece solo.


2. El amor a mi.

May se que suena a cliché pero es clave. Generalmente tratamos a los otros como a nosotros mismos. Entonces tratate con amor. Amá lo que sos. Disfrutate. Y así será más sano lo que arrimes a ti.

3. Si estoy en pareja, estoy en mi.

Siguiendo el razonamiento anterior, si me nutro a mi, a mis intereses, hago lo que me gusta y me siento bien conmigo, tendré más para compartir con el otro. Aceptar que el otro tiene sus intereses, sus preocupaciones, su mundo privado por fuera de mi, eso ya se que es difícil, pero si no lo practicamos con nosotros primero nunca valoraremos al otro tal cual es.


4. Mi pasado, mis abandonos.

Fíjate si en tu historia sentis qué hay episodios con una resolución parcial donde te sentiste desamparad@, abandonad@. A veces suenan muy trágicas esas palabras, el abandono es un sentimiento que puede experimentarse en cosas chicas también, en episodios donde no supe que hacer y no tuve ayuda por ejemplo. De ahí para arriba.


5. Ante todo, comunicación.

Soy comunicadora de profesión además de psicóloga, con lo que no puedo divorciar una gestión de la otra. Para mí la comunicación tiene íntima relación con todo lo que procesamos, con nuestro afecto, con sanar. Si no sabemos comunicarnos, es difícil procesar el dolor. Y cuando digo comunicar no digo necesariamente hablar. Digo compartir con el afuera lo que tengo adentro. Con mi hija de 10 meses me comunico perfecto sin una palabra. Comunicación es todo. Todo en mi cuerpo.



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