• Maggie Giorgi

Claudio Naranjo: un viejo maestro, una nueva educación.

La noche de ayer murió Claudio Naranjo, Psiquiatra y escritor chileno que representó un maestro de la Psicología Gestláltica. Referente que honro y admiro profundamente.

Previo a dejar este mundo, Claudio había estado transitando un camino de elaboración respecto a la educación y las nuevas formas de aprendizaje.

Este tema me sensibiliza cada vez más, en varios niveles. No solo desde lo educativo propiamente dicho, sino con respecto al quehacer psicológico que ejerzo diariamente.

Naranjo habla del acto de aprender como una forma de ver lo que nos rodea, ver e incorporar la realidad presente.



“Para el Hombre de Transición hacia la nueva especie de la cual ya se habla, ver es atre-ver-se, es búsqueda continua, movimiento incesante, evolución sin término, es vida reverenciada, es descubrimiento de la totalidad, de la unidad, del holismo en cualquier aparente fragmento de la realidad bajo el orden implicado y desplegado, es aventura apasionada, es silencio frente a lo desconocido”.

Desde esta mirada, ver es involucrarse, poner el cuerpo, sentir a todo nivel la experiencia. Y el sistema educativo está bastante lejos de eso. ¿Hemos llegado a ver en nuestra escuela de hoy con los ojos nuevos del siglo XXI? ¿O seguimos la misma fórmula educativa que impide al niño o al joven tener ganas de ir a la escuela, de investigar en vez de memorizar, de cooperar en vez de competir, de crear en vez de repetir, de amar y abrazar en vez de pegar y criticar, de ser felices en vez de ser aburridos?

“La evolución es dar un paso en la conciencia. No basta ver, sino atreverse, es un ver en movimiento, es ir más allá de la constatación, es quitar los obstáculos y dejar fluir la vida que nos anima. No hay necesidad de ser maestros de profesión para ser maestros de los maestros. Se necesita vivir, ver y atreverse, o sea vivir en plenitud y contagiar al mundo"r.


Naranjo plantea una visión global y esencial –es decir una visión humanista y supramental– de nuestro mundo, de nuestra realidad para lograr una educación efectiva. Mientras sigamos educando gente para manejar nuestras instituciones, tendremos robots sin conciencia y porvenir. Mientras los educadores y los educandos sean, y acepten ser, los objetos de una sociedad centrada en el rendimiento, la ganancia y lo superfluo, no habrá sujetos capaces de organizar instituciones adaptadas a las circunstancias cambiantes de nuestro mundo y al servicio real de las necesidades apremiantes y relevantes de sus habitantes, sólo se aprovechará de ellos.


Y esto aplica en todos los órdenes de la vida, en cualquier trabajo, en cualquier vínculo. Siempre enseñamos, siempre aprendemos.

En el espacio terapéutico se respira aprendizaje y enseñanza todo el tiempo. No del terapeuta hacia el paciente, de dos personas en dinámico movimiento, en una danza armónica que dibuja el conocerse a uno mismo, el terapeuta como espejo y como compañero de tránsitos.


No me quiero extender más en esto de la teoría de la educación, ya mucho se ha escrito y se habla al respecto. Pero en el día de hoy quería dejar un registro y un agradecimiento a quien tanto me enseñó en esta profesión que me hace tan feliz día a día. Donde quiera que estés, que sea luz.


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© 2016 by Magela Giorgi.