• Maggie Giorgi

Contracturas y otras molestias

Te duele el cuello, no entendés por qué. Movés la cabeza de un lado al otro y te das cuenta que tenés re corto el tendón, que necesitás estirar haciendo fuerza con la mano en la cabeza.

Seguís en lo que estabas.

Al rato la rodilla que se mueve, como galopando. No puedo dejar quieta la pierna! Vibra todo el escritorio cada tanto, es involuntario.

Comés algo que te gusta y te cae mal, sentís que comiste mucho pero en verdad es una porción normal.

De noche te cuesta dormir, sentís el sobregiro en la cabeza, te tomás algo, un vino, una birra, un a pastilla, alguna droga. Madrugada, te despertás. Duele la mandíbula, se ve que bruxás. Decís “bueno voy a respirar un poco, esta meditación que me pasaron capaz ayuda”. Nada, cuesta estar en el presente.


Este relato es de un día normal de cuando iba a la oficina. Pasaba horrible porque claramente me estaba sintiendo en un territorio peligroso. Esa era mi vivencia. Una persona que siente que tiene que estar atenta a su entorno por miedo a que la acechen.

Nadie me iba a asesinar o morder una pierna pero lo cierto es que yo estaba alerta, agazapada.



Hombros arriba como los gatos, mandíbula apretada por la bronca, pierna movediza por las ganas de huir, estómago cerrado para no relajar y que me agarren desapercibida. Alerta, sobregirada de estar en guardia por más de 10 horas diarias.

Esa es mi vivencia en un trabajo que viví como un entorno hostil donde me estresé mucho. Lo traigo como ejemplo de cómo una rutina, cuando la vivimos desde la inseguridad nos genera un estado de alerta que se los puede ir de las manos y por ende, enfermarnos.

No es el espacio en sí, no se trata de señalar y culpar afuera. El trabajo es el trabajo y no una cacería, el centro de estudios por sí mismo no amenaza, un hogar es un lugar donde se reúne una comunidad. Ahora, ¿qué pasa cuando en esos entornos no me siento cómodx?

El cuerpo reacciona, se pone de guardia, como haría felino en peligro. Porque en el fondo somos eso, mamíferos tratando de prevalecer.

Escuchá a tu cuerpo, aprendé a leer las señales que te da y dale la seguridad que necesita para no colapsar. No justifiques el estrés o cualquier patología con el entorno. Ocupate vos.


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