• Maggie Giorgi

Controlar el control

Ayer tuve una sesión muy interesante con una paciente muy preocupada por su deseo de controlarlo todo. Le pregunté en un momento, “y cómo sería si no pudieras controlar?” Y me devolvió una imagen genial. “Sería como dar vuelta una tortuguita y que quede patas para arriba moviéndolas así, rapidito ”, me dijo. Hermosa imagen. Me quedé pensando en lo difícil que es perder el control, y lo que representa. A lo largo de la vida el curso de nuestro crecimiento nos va indicando que debemos saber cosas, cuantas más mejor, entender verdades absolutas como las matemáticas, saber responder bien cuál es la capital de Holanda o quién es el presidente de Brasil porque sino somos unos inadaptados o unos boludos. Estos pequeños detalles parecen detalles pero en verdad esconden algo mayor, van construyendo nuestro deseo de controlar la información y por ende, no errarle. Así se van construyendo las certezas. Y las certezas nos construyen esa falsa sensación de lo conocido, y lo conocido mapea en nuestro mundo una bellísima zona de confort, con arbolitos, lagos y ardillas correreando. Pero cuidado. En la zona de confort controlar es fácil pero la vida es mucho más desprolija e interesante que eso y nos hackea permanentemente intentando envenenar esas ardillitas. Y menos mal que lo hace, sino todos andaríamos por la vida creyendo que tenemos razón. Eso es lo qué pasa con los vínculos. Se cruzan dos zonas, dos deseos de conocer con certeza (controlar) al otro. Saber todo del otro da esa falsa sensación de paz, pero no es más que la ilusión de permanecer en nuestra zona de confort donde todo lo conocemos.

Y ni hablar de cuando nos ponemos a pensar en el futuro, ahí las ganas de controlar se pueden poner intransigentes para que no se nos escape ningún detalle con el fin de conseguir esa imagen que nos ponemos adelante como meta. Ayer también, una amiga me dijo “me dejó porque no soportaba la presión de que yo era linda”. Increíble no? pero le creo que la dejó por eso. Ese hombre explotó por el deseo de controlar que nadie se le acerque a esa hermosa mujer.


::::Moraleja:::: Las ramas más duras son las que se rompen primero, las más flexibles no se rompen. Entonces aflojemos lo tieso. Esa es la actitud que nos volverá flexibles. No poder controlar da miedo de perder, y el miedo paraliza. Y paralizarnos es la actitud más parecida a la muerte. Soltemos el deseo de control para conquistar la verdadera certeza: lo único permanente es el cambio, y que cada momento abraza una verdad.

¿Qué sí está bueno? Disfrutar el ahora, donde no importa tanto el control sino vivir el momento, sin la guardia en alto de controlar.