© 2016 by Magela Giorgi. 

  • Maggie Giorgi

El amor es poco rentable

Al sistema le da igual que estés enamorad@, angustiad@ o de duelo. Experimentar emociones es improductivo. Inundan las canciones de amor, las películas románticas y las aplicaciones para fantasear con una nueva pareja pero la realidad es que hay muy poco tiempo para el amor.

La mayor parte del día nos dedicamos a un trabajo que nos da a cambio un salario; el resto es para dormir y resolver las minucias del día y las obligaciones de la vida urbana posmoderna. Y con mucho esfuerzo energético, con cansancio acumulado encima, hay que tener sexo con la pareja antes de dormir.



Lo cierto es que cuando vivenciamos el amor la sensación del tiempo se diluye. El enamoramiento trastoca nuestra percepción, como pasa con las drogas.

La química del amor es tan fuerte que somos capaces de pasar noches enteras sin dormir junto a la persona que querés y te sentís con fuerzas para todo: nos llenamos de energía para vivir el presente intensamente.

Desgraciadamente, cuando el enamoramiento pasa y regresamos a la vida real perdemos los superpoderes para dedicar horas a hacer el amor y ya el cuerpo responde mal si le sigues quitando horas de sueño. Con el paso de los meses y los años, las parejas se vuelcan más hacia lo social que hacia lo íntimo, y es difícil para muchas volver a construir esos espacios íntimos llenos de magia para detener el tiempo.

El tiempo en la intimidad de la pareja se reduce a escasas horas en el día, mientras que al trabajo no sólo les damos mucho tiempo de nuestras vidas, sino también nuestras energías físicas, mentales y emocionales. A las empresas no les importa si un empleado está enamorado, si está enfermo o algún familiar suyo acaba de fallecer: a las empresas sólo les importa que alguien sea productivo. Tampoco es muy distinto si sos independiente. Tomarte unos días para tus asuntos personales es imposible porque entonces no comes ese mes. La cadena de producción no puede parar por tus sentimientos. Conviene que no seamos demasiado felices: nuestra insatisfacción permanente y nuestro dolor nos hacen más vulnerables y por ende, consumir más. El amor es poco rentable.

Lo digo no desde lo apocalíptico sino para sacudir un poco y reflexionar sobre lo siguiente. Necesitamos tiempo para amar, para disfrutar del placer en toda su plenitud. Tiempo para escuchar, para viajar, para conocer, para compartir, para construir comunidades con los demás. Tiempo para apoyar, para crear redes, para celebrar, para aprender, para crear. Tiempo para cultivar y nutrir lo único que parece darle un poco de sentido a la vida: los afectos. Solo así nos sentimos más vivos.

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