• Maggie Giorgi

El síndrome del hámster: no saber cuándo parar

Hay días para no hacer. Porque la vida nos lleva a estar haciendo cosas metódicas, muy similares entre sí, corriendo en nuestra propia rutina, en círculos como el hámster en su rueda. Como si estuviéramos adictos a los resultados y eso nos impidiera quedarnos quietos. Por lo general el roedor para sólo si tiene hambre o quiere ir al baño. Sino seguiría corriendo. Como si no pudiera quedarse quieto salvo causas de fuerza mayor y a veces en la neurosis diaria podemos entrar en el modo hámster.

Pero yo paro todos los días! Sentarse en el sillón a mirar Netflix o tirarse en la cama a scrollear en Instagram también es estar haciendo cosas. Hay que aprender a no hacer nada, a parar la maquina de veras. Así podemos por fin tomar contacto con el deseo, con nosotros mismos en esencia y lo que el cuerpo nos está pidiendo. Así podemos por fin crear un vacío fértil. ¿Cómo hago? Suena fácil pero se que es un huevo. Ayer en una sesión me encontré con una paciente que hacía un mes no venía por exceso de trabajo y claro, estaba distinta, me costó reconocerla. Estaba dejada, menos fit y más desganada, costó retomar la actitud positiva del cambio. Cuando le dije “es fácil. Pero tenes que hacerte tiempo para vos. Para jugar más, para crear. Ahí empieza el cambio, en la actitud de soltar los peros y jugar a los mundos posibles. Esta todo por hacer. Es muy fácil”. Ahí se emocionó y ahí se dio cuenta que la traba era ella misma y su modo hámster. No el trabajo que la ocupaba 10hs por día. No la ansiedad de comer más y la falta de horas para cocinar. Qué implica parar Tenemos que aprender a respetarnos. A quedarnos quietos. A bajarnos de la máquina productiva, sentir la angustia, el enojo, el impulso creativo. Porque ahí está muchas veces la sanación. Porque ahí se genera el vacío fértil donde por fin podemos escuchar. Hay quienes meditan y eso está buenísimo. Pero también hay quienes caminan sin prisa ni rumbo para llegar a la quietud. O sentarnos en un árbol o el piso para relajar el cuerpo y darle bola a como estamos respirando. El silencio es una herramienta súper poderosa que nos ayuda a sentir. En ese estado es que uno se puede volver más receptivo. Eso sería parar.

¿Qué hago después de parar? La vida misma, estudiar, trabajar, ver amigos, parejas, hijos, mirar twitter, escuchar música. Subir a la vida de nuevo como el hámster con la rueda. Pero desde otro lugar. Habiendo aprendido algo sobre mi, respetando más el contacto conmigo, conociendo donde está el límite donde hay que volver a parar para poder sentir atinadamente y actuar en consecuencia.

© 2016 by Magela Giorgi.