• Maggie Giorgi

Hola hola ansiedad, hola hola!

La sociedad contemporánea se caracteriza por la búsqueda de la inmediatez, todo lo quiero para ya y lo peor es que ya mismo puedo tenerlo (cosas materiales obvio).

El mundo me dice todo el tiempo que llame ya, que pedidos ya, que alguien ya leyó lo que le escribí, los preguntados, los memes que reducen el tiempo de lectura, las multi pantallas, el celular con miles de notificaciones, la videollamada en vez del encuentro... tic tac tic tac… paren! cómo no estar ansios@????


La ansiedad es una respuesta que se presenta en el organismo como medida de alerta ante un estímulo peligroso, es una reacción activa del sistema nervioso diseñado de tal manera que el cuerpo sea capaz de responder de forma adecuada ante el peligro que se aproxima. Esa es su función. Crear una alarma ante el peligro. El tema es cuando la sostentemos en el tiempo y el cuerpo empieza a estar siempre en alerta.


Esta permanencia de la ansiedad en nosotros repercute en múltiples formatos. Hambre, agresividad, pensamiento rumiante, falta de descanso, aislamiento.

El tema central de la ansiedad es que provoca una conducta de evasión de contacto. Evadimos darnos tiempo a estar en la incertidumbre, a no saber, de aburrirnos, de estar ahí, en ese vacío fértil que hace que las cosas pasen por su cuenta. Muchas veces es muy importante quedarnos un rato en el "no saber" para poder tomar contacto con el afecto. Saber es solo una dimensión de las cosas, sentir es otra, muy enorme e importante. Es difícil estar en la incertidumbre, pero también es difícil estar en contacto con los afectos, sobre todo cuando esos afectos son de angustia, porque quedarnos en la angustia es un proceso difícil y no siempre es disfrutable. Y qué bien adiestrados estamos a no quedarnos en lugares poco disfrutables!



Muchas personas han crecido con la creencia que el estar en contacto sus sentimientos es signo de debilidad o vulnerabilidad. En muchas familias está habilitado maldecir e insultar, pero no decir lo que se siente con respecto a lo que se vive en la dinámica familiar. Con base en ese estilo de crianza muchas personas desarrollan una confusión entre lo que deberían hacer y lo que necesitan hacer, este conflicto provoca un estado de angustia permanente que los paraliza hasta el punto de enfermarlos.

Sumado a esto, nuestra cultura del todo ya está enfatizando un estilo de vida de disfrute y entretenimiento permanente, es decir que no da lugar a estar mal, angustiado.


Fritz Perls ya la había descrito como la compañera de la neurosis (incapacidad de diferenciar un peligro real de uno imaginario). La ansiedad forma parte de esta confusión donde la experiencia emocional es vista como un peligro que promueve conductas evitativas permitiendo la generación del pensamiento rumiante que aumenta los niveles de agitación. La lucha interna que vive la persona entre lo que sucede y lo que cree que está sucediendo es una batalla que la paraliza hasta el grado de disminuir su voluntad y su capacidad de realizar un ajuste creativo.

Ahora que entendimos mejor como funciona, veamos formas de acercarnos a la experiencia de contacto como una posibilidad de ruptura de este estado agobiante que es la ansiedad.

A través del contacto, cada persona tiene la oportunidad de encontrarse nutriciamente con el mundo externo. Una y otra vez se conecta; el encuentro de cada momento acaba inmediatamente, para ser sustituido por el momento que le sigue pisándole los talones (Polster 1976).


La ansiedad es la vivencia del no sentir. Entonces para combatirla, tenemos que darnos el lugar a sentir, a tomar contacto con quienes somos, con qué no nos gusta de nosotros, qué dolió, qué no está sanado, qué es un asunto pendiente, de qué me tengo que alejar.


Bajemos la ansiedad.

Respiremos dejando ir lo viejo.

Concentremos la atención en el cuerpo y no en la mente.

Sincerémonos con el afecto y el dolor, démosle un espacio en nuestro día.

Apaguemos el entretenimiento, démonos un rato para dudar y para hacer las paces con mi parte dolida.

Llorar está bueno, escuchar lo que sentimos en voz alta también.

El proceso terapéutico es una linda solución, pero hay muchas. Elegí la que más se acomode a vos y date la chance de sentir.

Es por ahí, el camino es ese.


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© 2016 by Magela Giorgi.