• Maggie Giorgi

Límites: 5 cosas que tenés que saber

Los bordes de mi cuerpo con el del otro. Los derechos que son míos terminan en los del otro. Mi zona de comodidad y hasta donde dejo entrar. Escuchar al otro con apertura. Mostrar hasta lo que el otro necesita saber y no más. Elegir cuándo y con quién. Elegir qué me pongo porque me gusta a mi. Todas esas ideas tienen que ver con los límites. Pero para poder poner el límite donde va tenemos que conocernos y saber hasta donde estamos dispuestos a abrir lugar y ceder al otro. Acá van algunos tips para entender el límite.


Cuando el límite se cruza, mi cuerpo lo sabe.

A veces nos pasa que no nos damos cuenta en el momento de cómo poner un límite. Pero te aseguro que tu cuerpo si se da cuenta. Chequea cómo se siente cuando alguien te grita, cuando te celan, cuando te preguntan algo desubicado. Sentilo en el cuerpo, es la incomodidad. Esa es tu alerta para saber cuándo hay que poner el límite.

Poner un límite no significa entrar en conflicto.

A veces pensamos que poner el límite es una violencia pero no. Evidenciar en palabras lo que incomoda ya es poner un límite uno debería molestar al otro.


El límite va con amor.

El movimiento del límite es el siguiente: recibo del afuera, observo eso que me es dado, me doy cuenta que no me sirve y lo devuelvo agradeciendo. Desde un improperio hasta una ayuda.


Claridad meridiana al poner el límite.

Muchas veces damos por obvias cosas que no lo son. Cuanto más claro y concreto seas al explicar el límite que querés poner, más efectivo será.


Límite es sinónimo de cuidado.

No se trata de alejar al otro. Se trata de cuidar los espacios personales. Fíjate en las relaciones más sanas que te rodean. Seguramente lo veas.


Poner límites es una construcción permanente, no un ejercicio acabado. Entrená tu capacidad de poner límites a tiempo y con amor, y vas a darte cuenta cuánto más saludable se pone tu entorno.

© 2016 by Magela Giorgi.