• Maggie Giorgi

La juventud. Un lugar verde para el amor genuino.

“Ojalá coincidamos en otras vidas, ya no tan tercos ni tan jóvenes, ya no tan ciegos ni testarudos, ya son razones sino pasiones, ya sin orgullo ni pretensiones”.


Charles bukowski 1920 - 1994


La juventud. Ese momento de la vida en que el ego es nuestra bandera. El orgullo y la individualidad, la necesidad de ser visto. Caprichos y la necesidad que el la herida del otro sane. Diálogos que tantas veces son monólogos.

Nos ponemos ciegos y sordos cuando hacemos discutir la herida mía con la del otro, los egos jugando un duelo de esgrima. Y activamos patrones y soliloquios. Y nos vamos sintiendo más solos en esto de hacer doler al otro. Hacemos todo menos entregarnos al vínculo.

¿Por qué pasamos por esta danza narcisista? ¿Para qué si duele tanto? Simple. Porque pensamos que nos estamos cuidando. Cuesta un mundo mostrarnos vulnerables cuando en verdad nuestro cuerpo lo es y lo manifiesta. Pero desde la neurosis somos unos capos.

Pero la verdadera potencia está en otro lado. En saber habitar la luz pero también la oscuridad, conocerme en mi ego pero también en mi lado b, donde contacto con el dolor y el miedo. Ese lugar donde el amor es una sirena bellísima pero también es una intrusa que puede ponernos en peligro. Difícil confiar en un otro a veces.



Cuando nos ponemos más veteranos, la ruta va para un lado o para otro. O nos rigidizamos del todo y nos vamos quedando aislados envueltos en nuestra soledad de "yo tengo razón" o nos amenizamos con el entorno, con el caballo más cansado. No es fácil pero ese camino está ahí y es una vía de acceso a la zona creativa de la vida.

La rigidez es esa respuesta fácil de encontrar que está siempre a mano. Rígido no siento. Tan poquito siento que capaz ni me doy cuenta lo que agredo. Me quedó estóico en mi razón y ahí estoy seguro. Pero a su vez ahí estoy más solo que nunca, porque para llegar ahí seguro que agredí o fui incapaz de empatizar con un otro.

La juventud, divino tesoro donde buscamos sentirnos los reyes del mambo. Tener verdades absolutas, donde todavía hay cosas que no entendemos del todo y el dolor es un lugar difícil de habitar y de poner en palabras, y desde esa actitud somos capaces de destruir lo duramente construido. Y en tiempos donde todo para ya, muchas veces destruir se camufla con "dejar ir", y no es tan así.

Cuando estamos en esa posición de querer tener razón nos cerramos en nuestro propio ego, y ahí nos volvemos feos. Inaccesibles. Y querer tener razón no sirve para nada, porque el verdadero saber no está en las verdades, está en entender que sin amor somos nada.

Lindo sería poder ser joven con alma de sabio.


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