• Maggie Giorgi

La puerta que se golpea por el viento

Era una tarde en que había un solcito lindo, pajaritos y silencio afuera. Trataba de dormir la siesta pero la puerta no paraba de hacer ese ruido constante. No era insoportable, si lo fuera me hubiera levantado de una. Era un sonido que parecía inocente y hasta relajado pero llegado el momento, si lograba quedarme dormida ese ruido me despertaba, me ponía alerta.

Igual no me levanté a cerrarla. Opté por intentar ignorarla a ver si zafaba pero la verdad es que a fin de cuentas ni dormí bien ni descansé del todo. Tendría que haber ido a cerrarla desde el principio pero me faltó convicción. O haber sabido que nunca iba a poder dormir si no la cerraba.


Me pasa un poco lo mismo con esas heridas que parecen ingenuas. Esas donde después me encuentro no pudiendo confiar en alguien o dudando de mi misma. Las angustias profundas, las creencias introyectadas o hechizos que me han adjudicado. Frustraciones, rechazos, violencias, burlas. Pequeños golpeteos de la puerta que no me dejan disfrutar y confiar en que está todo bien.

Me hubiera gustado atender las heridas a tiempo porque aunque parecen ingenuas en el hoy, aún hay coletazos que me sacan la atención del aquí y ahora. La buena noticia es que la puerta está bien, es cuestión de ir y cerrarla como se debe.

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