• Maggie Giorgi

Laberintos de mar el amor

Actualizado: 14 de dic de 2018


Así reza Alfredo Zitarrosa en una de sus canciones. Siempre digo que si yo hubiera coexistido con él en su época de fama hubiera sido la más gruppie del mundo, enamorada hasta la manija. En fin. Lo que arroja la frase es una metáfora perfecta. El laberinto como imagen, caminos trazados por un otro donde hay intersecciones (el encuentro) y bifurcaciones, largos tramos de tránsitos en solitario y de vez en cuando, eventos de coincidencia que son lo máximo. Cuán contentos nos ponemos cuando coincidimos con el otro en el laberinto!! El amor también es líquido, cómo dice Alfredo. Es un mar donde hay partes frías, aguas más tibias, corrientes, pozos, remolinos. Se mueve de forma impredecible, sin forma. Y nos dejamos llevar y llevar por tanta agua donde podemos hacer la plancha, nadar vigorosamente o por qué no, ahogarnos.

Lo cierto es que en el amor es difícil trazar fórmulas efectivas, pero como en todo laberinto de mar la clave es estar atento. Atención doble: a lo que está pasando y a cómo nos está pasando. Porque es muy fácil decir que estoy acompañado, pero también es muy fácil sentirse solo cuando estás mal acompañado.

Esta vez quiero que tomemos contacto con esta doble atención: la dimensión de QUÉ estoy viviendo y la otra, CÓMO me está haciendo sentir esto que estoy viviendo.


En casa tengo un libro que es malísimo pero me gusta tenerlo a la vista para así de vez en cuando leo el titulo: “el amor dura Tres años”, así se llama. Y me gusta pensar en los ciclos del amor con esa temporalidad. Conocemos a alguien, capaz lo idealizamos, estamos en la franja fácil de manejar, la zona verde. Pero luego viene otra fase donde tenemos que jugarnos más, la franja amarilla. Ahí empieza el careo con la realidad, sacando los personajes del ego, tomando contacto con las inseguridades del otro, con las mías propias. Y por último, los más valientes habrán entrado en una franja roja, donde se toma contacto con los miedos, con desmitificar al otro y a mí mismo para entregar realmente la confianza. No se si todas las parejas entran en esa franja, seguramente no. Tampoco creo que todos los procesos duren tres años. Duran lo que tengan que durar.

Una paciente me dijo el otro día que prefería la franja verde porque ahí jugaba a ser la cazadora poniendo al otro en el lugar de la presa, pero cuando lo cazaba tenía que encarar la franja amarilla y ya no era divertido. Porque ahí sí había que sacarse el traje de heroína. Qué difícil es transitar sin traje. Sin ningún traje. Y el amor tiene eso de que es importante dejar entrar al otro a que conozca la piel original de uno. El amor nos permite tener tránsitos hermosos y también dolorosos, y sobre todas las cosas nos permite conocernos a nosotros mismos, recuerden; la doble atención. Conocernos de forma honesta también es importante para poder amar, para amar intensamente desde la zona roja (que como toda zona roja es un lugar donde somos super vulnerables, cuidado).

En síntesis, el amor es uno de los lugares más peligrosos, selváticos, confusos pero también vibrantes, coloridos, intensos, donde está bueno darse la chance de perder el control. Mi querido Alfredo también cantaba “que lindo haberlo vivido para poderlo contar”. Animate.

© 2016 by Magela Giorgi.