• Maggie Giorgi

Libertad, libertad orientales

En estos días de la marmota es importante contar con un otro que acompañe las dudas y emociones que provoca la pandemia. Así es que el domingo me encontré cocinando un tuco mientras hablaba con mi hermana de la vida sobre política, historia de los imperios y bio poder. Una charla tranqui de domingo. Hablamos sobre la libertad y a pesar de que por lo general pensamos parecido en este territorio discrepamos bastante.

Ella, de forma optimista sostiene que uno es libre porque puede elegir siempre, que es responsabilidad de cada uno tener conciencia para investigar e ir más allá de las lógicas de consumo y tener un “despertar”, que implica un proceso de irnos dando cuenta lo que es impuesto para manipular y lo que realmente elegimos para nuestro bienestar.

Yo, bien pesimista y paranoica, pienso que nunca somos, ni fuimos ni seremos libres de elegir nada. La alegoría de la caberna y las ataduras que nos tienen mirando sombras todo el rato. Y ahí estamos con la falsa sensación de libertad de elegir porque cuando tenemos tiempo de ocio podemos hacer “lo que queramos” pero al final hacemos lo que se puede con lo que tenemos, sentimos libertad de expresión porque hay twitter, porque hablar es gratis pero sigue siendo pan y circo donde de alguna manera alguien o algunos deciden por nosotros acerca de qué nos va a gustar, de qué vamos a estar conversando con vehemencia y pasión y en dónde ponemos la atención (y por ende dónde NO la ponemos). Ni que hablar de toda la información que estamos compartiendo en Whatsapp y otros mojos, libre un poroto.


Igual en este debate encontramos coincidencias y creo que ni ella ni yo somos tan polarizadas. Conectamos con la idea de que la libertad está en nosotros, en la búsqueda. Libertad sería eso entonces, no saber. Estar en el trayecto y en el mundo privado un toque. Como si el ser, el individuo tuviera si desea usarla, una variable dinámica para transitar estos escenarios de manera más genuina y es desde el conocimiento de su interior. Saber cuestionar, saber leernos, descodificar lo que somos y cómo nos impactan las cosas. La procesión va por dentro.

Creo que ahí hay una libertad purista, bien puertas adentro. Y si es verdad lo que dicen que como es afuera es adentro, con más razón. Claridad interior de quien soy y cómo soy. Aceptación de mis introyectos (juicios), lo que me genera culpa, lo que me enoja, lo que inhibo. Si este territorio está claro repercute en claridad exterior de aprender a leer y operar con menos miedo, un poquito más libre.

El himno uruguayo habla de eso, libertad libertad orientales, este gritó a la patria salvó.


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