• Maggie Giorgi

Mi modo gruñón

Hay gente que vive todo el día enojada. De mal humor, rezongando, siendo agresivo de formas sutiles. Estas personas no se dan cuenta lo potente que es este enojo, no solo hacia el afuera donde la gente puede empezar a alejarse, sino hacia si mismos.

El enojo es solo la punta del iceberg.

Vivir masticando vidrio es una forma de procesar todo lo sufrido, de dejar de lado lo que te han hecho o que te has hecho a ti mismo. Porque el enojo es la otra cara del dolor.

Tener despierta la ira y el resentimiento de forma permanente nos destruye poco a poco. Primero los nervios, luego el estómago, luego el corazón, y así sucesivamente hasta llegar a hacer síntomas más irreversibles enquistados, infartos, y quien sabe uno que más.




Muchas veces el enojo es sobre algo que nos hicieron sufrir, hacia nuestros padres por no cuidarnos de una amenaza exterior, por hacernos ver cosas que no debíamos, por cargarnos de culpas o por dejarnos solos. Pero también el enojo puede ser con nosotros mismos. De hecho la mayor parte de las veces es con nosotros mismos. Por no haber sabido poner límites frente a una situación hiriente, por no darnos cuenta de que algo iba a doler, por lastimar sin saber. Muchas veces somos tan exigentes con nosotros mismos que nos castigamos mucho por no haber sabido actuar de tal o cual forma y eso nos carga de culpa.

La culpa cómo ya hemos hablado es brava. Porque es un sistema, una acción que nos aplicamos a nosotros mismos de forma silenciosa y no nos permite soltar, nos deja a propósito, repasando una y otra vez una escena, consumiendo rencor sobre una situación en la que no estuvimos acertados. Y queda ahí, operando de forma invisible, sin que nos demos cuenta. Enterado entre nuestros reflejos más involuntarios, haciendo daño en nuestro presente.

El tema es que lo que enterramos del pasado sin ser honrado resucita y vuelve q buscarnos siempre, en forma de enojo o miedo.

Pero sabes qué pasa? Que la vida es finita y se te pasa sin que te des cuenta mientras estás ocupado rezongando.

Son tiempos de hacer las paces con el pasado, de sanar lo necesario, para poder afrontar el presente, ligeros de carga y a corazón abierto. Son tiempos de energías que presionan para la paz. Esta paz requiere retirar obstáculos internos.

Y no me mires con cara de “ahí salió la hippie”. Porque los hippies no se si hacían tanto las paces con sus escenas conflictivas. Más bien que tapaban con cosas para no sentir.

¿Cómo hago las paces?

Algunos piques.

1. Comprensión

Intenta comprender el por qué de las cosas.

Si comprendes por qué fallaste, por qué te agredieron, por qué dejaron de contar contigo, por qué te ocurrió aquella desgracia… tal vez encuentres motivos para empezar a perdonar (y buscar una solución).

analiza la situación racionalmente y usá los datos de que dispones; pero, sobre todo, abre tu mente. Si tu mente queda atrapada por tu ego en forma de ira, frustración, tristeza o cualquier otra emoción, permanecerás en tu propio mundo. Y, desde ahí, jamás comprenderás completamente la situación.


2. Empatía

la empatía no es sólo una capacidad racional, es una capacidad humana y emocional. La empatía requiere que te pongas en la piel de la otra persona, que sientas lo que la otra persona sintió y que intentes comprender de forma profunda por qué actuó como lo hizo.

Entonces te verás a ti mismo reflejado en el otro, porque en el fondo, todos somos iguales. Todos podemos, potencialmente, decir, pensar o hacer aquello que otra persona hizo. Porque todos somos humanos, y nuestra Esencia es la misma.

Y entonces, nuevamente, comprenderás, pero desde un punto de vista mucho más profundo. Y es ahí cuando empiezas a perdonar y hacer las paces.


3. Aceptación

Finalmente, aceptá.

No digo que te resignes o dejes de luchar. Al contrario, seguí batallando y luchando hasta el final.

Aceptá porque no siempre podrás cambiar lo que dicen, piensan o hacen los demás. Ni tampoco serás capaz de comprender siempre por qué el mundo es como es o pasa lo que pasa.

Y todo pasa en algún momento, entonces cuanto antes lo aceptes y asimiles, mejor saldrás curtido y victorioso. Con un nuevo aprendizaje (herramienta) para la vida.

Hacer las paces es conocerte más, entender eso que dolió y que te marcó y hacerlo más tuyo que nunca.

Así que ya sabes. Cuando estés enojado y rezongando, quebrá una lanza y perdonate. Se mas liviano.

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