• Maggie Giorgi

Miedo al amor y amor al miedo. Post inspirado por @mvsuarez

En esta edición de psicología sustentable, nos inspiramos para hablar de las 5 verdades sobre el amor y su íntima relación con el miedo. para comprender mejor este sentimiento.


El amor. Peligro. En el consultorio siempre repito lo mismo. Hay un autor que dijo una vez “el amor es el lugar más peligroso”. La verdad es que no recuerdo al autor ni si lo dijo exactamente así, por lo cierto es qué hay una genialidad en esa frase. El amor es un lugar peligroso por definición. Porque ahí es donde me vuelvo más vulnerable. Me abro a un otro, le revelo mis inseguridades, miedos, mis derrotas, mis recuerdos y claro, el otro puede hacer lo que quiera con esa información. No estoy diciendo esto para asustar aunque suene a eso, sino porque es importante tomar conciencia de lo profunda que es la entrega de confianza cuando amo a alguien. De ahí que cuando ese alguien lastima, la herida es súper profunda, mucho más difícil de sanar que una herida, digámosle, social por ejemplo.

El amor. el gesto honorable. Si tuviéramos que hacer la mímica de qué pasa cuando amamos a alguien sería una cosa más o menos así: al amarte, elijo una porción muy íntima de mí, la tomo entre mis manos, te la enseño, te la ofrezco y te pido que te la quedes y me la cuides. Si vos elegís tomar esa porción, entonces cuídala. Este gesto es lindo, es vivo, de valiente y de mucho honor aceptarlo. Porque al aceptarlo asumo una responsabilidad muy linda que representa cuidar a ese otro, a esa porción.

El amor. La huella. Si algo pasa que la porción de confianza entregada al otro se rompe, se quiebra, decepciona, la herida es profunda y deja una huella. Como todo aprendizaje, una huella como un surco. La huella opera en mi recordándome que eso dolió, como cualquier cicatriz, cómo los perros cuando les levantan la mano y ellos e una agachan la cabeza. No es necesario golpear, se acuerdan de esa vez que si pasó y achican. La huella nos transforma. No podemos retirar la vivencia de lo que somos. Esa vivencia nos hizo lo que somos hoy. Nunca se vuelve atrás, siempre mutamos a algo distinto. Con más herramientas o con menos, distinto.

El amor. El miedo. El miedo a amar es el segundo lugar más peligroso. Y si. Porque si amar es el más peligroso, el miedo a que vuelva a pasar es el segundo lugar más peligroso porque nos coloca en un lugar de no poder y no querer volver a ese territorio. Aparece el miedo. El miedo paraliza y no podemos avanzar. Y si nos quedamos mucho tiempo ahí, empieza a ser peligroso porque dejamos de sentir y la anestesia afectiva empieza a hacer su trabajo. Empezamos a amar ese lugar de tener miedo porque es más tranqui, menos peligroso, menos jugado, estoy bien así. El miedo se vuelve enemigo del sentir y desde ese lugar no estamos viviendo, nos estamos paralizando y anestesiando. Una adicción nueva a una droga gratuita e invisible. Muy peligroso.

El amor al miedo. Ya cuando el cuerpo se acomoda a no amar, cuando se acostumbra a la anestesia, es más fácil todo. Amamos tener miedo y todo está bajo control porque no nos jugamos a nada, a nadie. El miedo se vuelve esa coraza efectiva que no le pasan ni las balas, medimos los movimientos del otro, no nos dejamos llevar, no caemos en las redes de seducción de nadie. Bien, estamos a salvo! (Por si no se entendió, ahí leemos con sarcasmo). Vivir con miedo a sentir es un falso espejismo de tener todo bajo control. No estamos controlando nada. No es saludable. Nos vuelve aparatosos, con una falsa sensación de tener todo dominado pero desde afuera se lee como dureza y falta de frescura. Nos vemos más rígidos, menos atractivos y bien apagados. Además de que a la larga nuestra cabecita controladora nos va dejando un poco más locos cada vez.

:::MORALEJA::: Sentir esta bueno. Es sano. Aunque duela. El miedo es una reacción natural frente a la posibilidad de que algo duela pero la ventaja del ser humano es que aprende. Y si algo dolió sabemos que se puede curar. Entonces confiemos en sentir amor, aunque traiga altas chances de riesgo de dolor.

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© 2016 by Magela Giorgi.