• Maggie Giorgi

Positivismo: el veneno está en la dosis

Estos días, el reino de espiritualidad y la psicología positiva son un idioma ya adoptado por las redes sociales. Memes en Instagram o posteos en facebook con lindas fuentes tipográficas, frases bien atractivas categóricas, que comunican acerca de ondas positivas, promoviendo a no permitir que la energía o los pensamientos negativos nos tomen. Por el contrario, nos sugieren rodearnos permanentemente de gente buena onda, y también fomentando a que hagamos lo que sentimos ya, en el hoy, porque no hay tiempo que perder.

Me parece genial, una campaña orgánica promovida por cada una de las personas comunicando una actitud positivista, un paradigma alineado a la actitud Gestaltica y el mindfulness.

Sin embargo me gustaría frenar y traer esta reflexión porque, como me enseñó mi padre, el veneno está en la dosis.

Sostener esta actitud siempre y para todo no sólo es poco realista, sino también queda como una receta facilista.



Es cierto que repetirse buenas prácticas o creer en las buenas ondas sobreimprime en nosotros optimismo, colabora con un proceso saludable de curación pero no es el todo.

Sanar implica un verdadero aprendizaje de quiénes somos.

Si intento pasar por encima del contacto con la herida que nos conecta con lugares negativos, si evitamos tomar contacto con las experiencias difíciles de nuestra vida que nos dictaminan, puede ser que quedemos emocionalmente enanos, faltos de profundidad y sin generar ese “ahá moment” donde nos damos cuenta, ese momento de insight donde aprendemos de nosotros mismos.

Es importante vivenciar el dolor. Conocerlo, no taparlo. Traerlo a figura en el presente, curarlo, mimarlo. Asimilar el dolor como algo mío y aprender a quererlo. Tratarlo como algo feo solo nos aleja de la posibilidad de curar. Ya sea en un espacio terapéutico o lo que sea terapéutico para cada quién, cada uno sabe.

En palabras del budista profesor, autor, y monje Pema Chödrön: “sentimientos como decepción, vergüenza, irritación, resentimiento, cólera, celos, y miedo ... son en realidad claros momentos que nos enseñan donde estamos limitados. Están como mensajeros que decirnos, con aterradora claridad, exactamente donde estamos atrapados”.

Muchas emociones pueden servir como banderas indicando una oportunidad para aprender.

Bienvenida la crisis, decís Freud. La tristeza, los cambios, las molestias, el conflicto, el odio, la depresión, y la ansiedad son caminos hacia el crecimiento y el cambio. Podamos explorar y aceptar estas partes de nosotros mismos a través de la vivencia del dolor. Entrando y saliendo de el, porque la salud radica en el movimiento, no quedarnos en ningún polo sino tener la capacidad de entrar y salir del dolor así como también del optimismo.

En ese sentido, alentar a alguien quién ha estado en una posición depresiva desde el enfoque positivo no siempre es útil y puede llegar a hacer más daño porque frustra o puede reforzar el sentimiento de culpa por no poder simplemente tirar todo lo negativo por la ventana.

A veces necesitamos dudar, poder sentirnos imperfectos y aceptar lo que somos. Las frases tipo statement que nos ordenan que simplemente dejemos de ser eso que somos a veces en vez de ayudar puede resultar un destaque de “y encima no puedo pensar positivamente como dice este meme, ni eso puedo”.

Las emociones son un mundo desordenado e imperfecto, y cada uno debe encontrar la belleza en su propia sensibilidad. No intentar ser algo que no puedo sino abrazar lo que soy.

Que quiero dejar en este post? La idea de que las frases optimistas si están buenas Pet más importante es la tolerancia a lo distinto, a lo que somos, a darle espacio a nuestros lugares oscuros, no tapar el sol con la mano, abrazar nuestro dolor también es sanador no es fácil pero es hermoso.


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