• Maggie Giorgi

¿Qué es la vocación? 6 piques para pensarte de nuevo.

“Le erré de carrera”, “me quiero ir a algo totalmente distinto de lo que hago”, “no soy buen@ para nada además de lo que hago”. Últimamente estoy escuchando muy seguido este tipo de frases.

De hecho, con mi amiga y colega psicóloga María Eugenia Fernández, llevamos adelante un taller de talentos y lo que más nos llamó la atención es que todos los asistentes eran personas del entorno de los 30 años. Como si hubiera algo ahí desfasado entre el momento de tener que elegir un trayecto y el contacto con lo que nos gusta.


Acá van algunas ideas para repensar el concepto "vocación" y eventualmente sentirnos mejor.

1. La vocación son los padres.

No nacemos con ella. No la adquirimos en nuestros jóvenes 16 años. La vocación son los padres porque más allá del chiste lo que ellos o nuestras familias colocan en nosotros desde chicos son expectativas. “Fulano es tan inteligente. Es buenísimo con los números”. Zaz, ingeniero. “Aquella siempre estuvo con los animales” Obvio, Veterinaria. “Un loco bárbaro, siempre con sus ocurrencias”. Creativo publicitario. Nacemos con la chapa de algún atributo y eso nos va adiestrando hacia un trayecto.


2. Nuestro talento no es un asunto acabado.

No nos gusta una sola cosa en la vida. Ni una persona sola, ni un estilo musical, ni una casa. Cambiamos porque la vida la vivimos y nos vamos transformando en algo nuevo cada vez con la capacidad de cambiar nuestro aprecio por las cosas. Entonces es lógico que en la vida nos vayamos acercando a cosas nuevas y soltando otras que ya no interesan. Y así nuestro talento se va puliendo y renovando.

3. Vocación es un dictamen.

Ya de por si la palabra viene de ser devoto a algo, dedicarse de por vida desde una perspectiva creyente, un único trayecto de trabajo constante para una única causa. Suena a sentencia. Como si tuviéramos una misión que alguien nos otorgó. Es muy noble ese camino pero sería bueno revisar que tan fiel a nuestro deseo es.


4. El talento. Un territorio.

Hay un autor que habla de esto de una forma muy clara, Ken Robinson. El dice que todos tenemos un elemento dentro nuestro que nos moviliza. Pero un elemento no es una cualidad o habilidad, es más bien un territorio en el que vibramos. El ser humano, el espacio, la naturaleza. Territorios a ese nivel, causas universales. Conectar con ellas es conectar con una pasión nuestra que, al agregarle herramientas, poco a poco se va convirtiendo en talentos.


5. Los cambios son siempre avanzar.

Todos los trayectos son capitalizables. Aunque sintamos que invertimos mucho tiempo haciendo una sola cosa, eso nos dio una sabiduría única que luego, con el nuevo trayecto se potenciará. Creer en nuestra capacidad de transformación y mutación es evolucionar.


6. El dinero no siempre viene de la pasión.

Muchas veces lo que nos apasiona no cuadra con la lógica capitalista y no es bien remunerado. Como cantar por ejemplo (a menos que seas Adele). Pero de igual forma, en ese ejemplo, cantar puede darnos herramientas para desenvolvernos mejor en público y ahí ganar habilidades para tener un trabajo que nos de recursos para seguir disfrutando la vida (dinero).


Es un poco cruel habernos sentido alguna vez obligados a elegir un único camino porque el mundo ofrece multiplicidad de cosas para hacer. Algunas remuneradas, otras no, otras son solo conocer.

En esta era donde todo se está transformando y está todo por hacer, preguntarse dónde está mi elemento y darle tiempo y espacio es el mejor regalo que nos podemos hacer.

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