• Maggie Giorgi

¿Qué hago?


Qué hago. La primera pregunta del día y probablemente la última. Qué me pongo, qué cocino, qué puedo hacer después del trabajo, qué hago con el alquiler. Es que vivimos dudando. Ester mundo nos invita a ser inseguros y terminamos por elegir los caminos conocidos para que sea menos probable la pregunta.

Dentro de las dos profesiones que he elegido para mi vida encuentro permanentemente esta pregunta. Los clientes llaman a la agencia de publicidad donde trabajo no simplemente buscando un buen aviso sino más bien una respuesta más amplia al qué hago de su empresa. Los pacientes que me consultan al menos en las primeras sesiones siempre tienen por driver una pregunta urgente y un qué hago que luego se transforma en infinitos de esos.

He aprendido a convivir con el qué hago de los otros. y claro está, es más fácil decidir qué hacer si la vida es de otro, si las decisiones son ajenas.

En mis años como paciente terapéutico he descubierto que responder al qué hago es un acto de valentía. Requiere de voluntad y riesgo, incluso decidir qué me pongo.

¿Por qué?

Supongo que porque nos criaron para no errar, porque si lo hacemos somos unos giles. Pero más importante es para qué dudar. Y ahí creo que está la cosa.

En la corriente Gestáltica que es la que practico como profesional y respeto con cariño predicamos cambiar el QUÉ por el CÓMO, el POR QUÉ por el PARA QUÉ. Está bueno porque la pregunta cambia la orientación de su respuesta. Somos más libres contestando una pregunta que arranca en CÓMO o una de PARA QUÉ.



Entonces, ¿Para qué dudamos tanto en cosas pequeñas de la vida? O las grandes, claro.

No creo que haya una verdad absoluta para cada pregunta. Si fuera así ya a esta altura de la humanidad habría un manual de uso para la vida, y claramente no lo hay.

Supongo que todos hemos escuchado hablar del Efecto Mariposa, que además de ser una gran película es un efecto teórico que tiene mucho que ver con esto, con contestarnos qué hago en cada pequeña e intrínseca cosa del día, y de la noche por supuesto.

Cada elección que hacemos está germinando situaciones posteriores en la que nos encontraremos más adelante, como si escribiéramos sentencias en cada detalle. También en decisiones importantes nos jugamos cosas, como dice Sabina, pongo un circo y me crecen los enanos. Son riesgos que tomamos. Pero qué hubiera pasado si en lugar de ponerme esas botas de taco alto me hubiera calzado con algo más cómodo? Probablemente no hubiera tenido esa esguince que me dejó sin salir de casa por dos semanas.

¿Cómo no nos va a costar el qué hago si ya sabemos, en cada decisión viene aparejado un sin fin de acontecimientos que nada tienen que ver con eso? Si no hubiera decidido encender la TV esa mañana de martes en ese canal horrible nunca hubiera visto el ofrecimiento de ese gatito adorable que hoy es mi mascota hace más de 7 años.

Pero ¿sabés qué? Eso me hace creer en la magia. ¿Qué tiene que ver?, podrás pensar. La magia para mi es eso que te ocurre y te llena de brillantina la historia de tu vida. Esos momentos chiquititos que habría que mirar con lupa, esa mirada a mirada que te conmueve al punto de enamorar, ese día que decidí sentarme en la silla 9 y no en la 8. Gracias silla 9 por regalarme esa noche de risas con él.

A la vida la podemos mirar a vuelo de pájaro y no encontrar ninguna emoción, pero si prestamos atención en los detalles, ahí está la magia.

Hay un momento mágico que los budistas llaman el Satori. Es cuando uno se da cuenta de algo importantísimo. A no confundir importante con grande, el Satori es un instante similar al orgasmo donde no estamos preocupados por el futuro ni pendientes del pasado, estamos sintiendo en el mismísimo presente, entendiendo algo genial. Lamentablemente tengo menos Satoris que orgasmos, pero cuando tengo uno es fantástico, y el qué hago ya no es tan atemorizante. Me siento segura y valiente.

¿Qué será esto del Satori, no? Sinceramente no tengo idea, lo que sí sé es que estar en el presente es un huevo. Pero cuando estás ahí hay magia. Pila de brillantina. Hay vida y la muerte no es un riesgo, o al menos no importa. Porque estando en el presente no estás muerto.

¿Qué hago con todo esto? Ni idea. Capaz que seguir dudando para entendernos más, porque lo cierto es que no hay certezas sino historias que escribimos con cada acto y esa, supongo que de hecho esa, estaría siendo la magia y la brillantina.

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© 2016 by Magela Giorgi.