• Maggie Giorgi

Si no lo publico en redes, ¿Lo viví? Post inspirado por @meugenia_fm

Actualizado: 15 de may de 2019


Suena radical lo se, pero a quién no le pasó de estar pasando bien y querer compartirlo en las redes, sin tener del todo claro para qué lo hacemos (o si).

El hecho de ser comunicadora y psicóloga me permite vivir las redes sociales desde dos dimensiones bien distintas: desde aquellos que quieren utilizarlas como herramientas para hacer crecer su marca y por otro lado, desde los que padecen su poder adictivo.

Lo cierto es que este fenómeno es muy nuevo y recién estamos empezando a ver los efectos a largo plazo de convivir con tener una “marca personal” en redes sociales, de consumir horas de pantalla mobile, de la democracia expresiva, de leer falsa data, entre otros nuevos asuntos de agenda.



Me imagino que todos habrán visto la película “La Red social” que cuenta cómo se gestó Facebook. Si no lo hicieron, ya mismo tienen deberes.

Ahí se presenta este personaje, Sean Parker, fundador de Napster, que colaboró muchísimo con la visión del negocio de Facebook en 2004 para darle dimensión de empresa real.

Sean anuncia en una entrevista a The guardian que sabían que estaban creando algo adictivo que explotaría una vulnerabilidad en la psicología humana: “ cambia tu relación con la sociedad. Probablemente interfiere con la productividad de maneras extrañas. Solo Dios sabe lo que le está haciendo al cerebro de nuestros hijos ”, dijo.

Cuando se estaba desarrollando Facebook, el objetivo era: "¿Cómo consumimos tanto tiempo y atención consciente como sea posible?" Fue esta mentalidad la que llevó a la creación de características como el botón "Me gusta" que daría usuarios "un poco de dopamina" para animarlos a subir más contenido.

Entonces es hora de tomarse en serio la adicción a la red social.


Las causas

Ordenando un poco, ¿por qué necesitamos chequear las redes sociales constantemente?

Podemos detectar estas 4 razones:


1. La dopamina.

Cada vez que recibimos una interacción (like, corazón, fueguito) en las redes sociales, nuestro cuerpo libera una pequeña cantidad de un neurotransmisor que nos produce una sensación placentera. La forma de superar la adicción a la dopamina es la misma que para dejar de fumar o dejar de tomar. Se trata de apagar el celular y meterlo en un cajón durante la mayor parte del día.


2. La validación social.

Una gran parte de las decisiones y el comportamiento de una persona no emanan de su propio juicio sino de la observación del comportamiento y las opiniones de los individuos que la rodean. Cuanto más insegura se siente una persona más necesita que los demás validen su visión de la realidad.


3. No vivir en soledad. Pero tampoco sacrificar la intimidad.

un ser humano aislado corre peligro. Entonces tratamos de acercarnos a los demás para sentirnos menos solos. Las relaciones sólidas se fundamentan en el pilar de la confianza y la confianza se consigue mayormente mediante la relación íntima con otra persona. Pero abrir nuestra intimidad nos hace sentirnos vulnerables. Entonces nos encontramos con un montón de personas que, por un lado, quieren sentirse menos solas, pero, por otro, no quieren sacrificar su intimidad. La solución que adoptan estas personas es presentar al público una versión censurada de sí mismas que les permita conectar con los demás pero sin exponerse al riesgo de la decepción. Y las redes sociales son la herramienta perfecta para la publicación de este tipo de personalidades adaptadas a lo que se considera socialmente aceptable.


4. El miedo a perderse algún acontecimiento importante. Fear Of Missing Out, o FOMO. Esto es básicamente el miedo a quedarse fuera del mundo tecnológico o a no desarrollarse al mismo ritmo que la tecnología. Es un fenómeno nuevo ya que la velocidad de los acontecimientos en los últimos 20 años a acelerado de forma considerable en todo lo relativo a avances tecnológicos y por ende, en las forma en que nos vinculamos. A cuántas personas les pasa que pasan un período de aislamiento social (vacaciones largas, maternidad, enfermedad prolongada) y sienten que ya no entienden nada. Entonces quedan marginales y eso nos da miedo.


La tendencia

Hay un estudio muy interesante, el #StatusOfMind de la Royal Society for Public Health que recomienda no estar expuesto a las redes más de dos horas al día para evitar alimentar la ansiedad y los rasgos depresivos. En cuanto a ranking de redes, Instagram es el número 1 en promover la envidia, que es ilusoria porque propone una falsa vida idealizada que no tiene nada que ver con la realidad.


La juventud Centennial

Y conforme nos detenemos a entender de edades, vemos que los más jóvenes empiezan a encontrar sus redes favoritas. La tendencia es a abandonar Facebook migrando a Instagram o Snapchat, ya que ahí no hay padres y no confían en la herramienta.

Pero más interesante es ver cómo se les juega el código de comunicación.

Los jóvenes usan Snapchat para entablar una serie de conversaciones profundas que las personas maduras nunca mantendrían por chat. Para la gente mayor, las cosas serias se tratan cara a cara, pero para los jóvenes es perfectamente normal hablarlo por chat.

Por otra parte, los más jóvenes le huyen a las publicaciones perpetuas, como si se asumiera el cambio como una forma de vida, los vínculos y los afectos caducan más rápido, los mensajes pierden validez al entrar en el pasado.

Por último, priorizar lo visual es un tema fuerte en los más jóvenes. No leer procesando la información, no detenerse en una sola actividad.

Por otra parte, los más adultos se quedan en Facebook. Y Esto se debe a que a medida que las personas envejecen tienden a reducir la velocidad con la que crean nuevas conexiones sociales. Existe un punto de inflexión en el cual la retención de viejos amigos se convierte en más rentable que la inversión en hacer nuevos amigos. Muchas personas llevan esto demasiado lejos y envejecen prácticamente solas. Durante este proceso, Facebook facilita a sus usuarios mantener el contacto con personas del círculo interesante de amigos y paliar la nostalgia de otros tiempos u otros lugares.



El dictamen

No podemos estar seguros de qué es lo que depara el comportamiento social de esta nueva era, esto está pasando aquí y ahora. Lo que sí podemos es intentar detectar a tiempo estos indicadores que repasamos brevemente e intentar que ocupen el lugar adecuado en nuestras vidas.


¿Cómo detecto si las redes sociales están afectando mi salud?

Como cualquier adicción, chequeando si el vínculo con ellas me genera pérdida de libertad en algún sentido, es decir, si no puedo elegir dejar de hacerlo, si siento que me angustia consumirlas, si siento que una experiencia no está completa sin ellas.

Recomiendo estar alerta porque es como un fumador social, un día te querés acordar y estás caminando a las 12 de la noche con 4 grados para comprar una caja de cigarros. Llevado al caso, intentemos chequear el celular la mitad de las veces que lo hacemos diariamiente, desinstalar alguna red social por un tiempo, a ver cómo lo tolera el cuerpo. Porque al final, está bueno que la dopamina se genere por el contacto con el otro, como fue toda la vida.


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