• Maggie Giorgi

Te corté

Te corté. Dejé atrás meses de hacer cabeza, de darle vueltas y vueltas a cada asunto. Ya no sabía cómo peinarte, qué colero meterte ni para qué lado iría la raya. Probé acomodarte para un lado, pero no me cerraba mucho, estaba incómoda. Y te puse para atrás pero no aguanté, me tironeaba. 

Esperé que el tiempo ordene las cosas, porque dicen que los zapallos se acomodan con el andar de la carreta pero no funcionó. Solo me fastidié más porque claro, yo igual estaba pendiente. 

Un día te puse color, como un baño de entusiasmo e ilusión. Pensé que había recobrado la fe y sabés qué? No. Fue un dolor de cabeza más. Hubo que seguir manteniéndote aún más, tratamientos nuevos, más productos, más horas para atenderte. Y el fastidio seguía creciendo.

Leía, buscaba, googleaba, hablaba, discutía, y nada parecía resolver este misterio de qué carajos hacer para resolverte. Me sentí un poco sola en esta empresa. Me pesaba la cabeza y ni ganas de fotearte porque claro, ya no me gustabas. Eras un problema.

No supe más qué hacer. yo no supe, ¿Entendés? Para mi fue un viaje. 

Entonces busqué ayuda. Me emboló llegar a ese punto pero lo hice. Fui cabizbaja, sin saber siquiera plantear lo que quería porque no tenía claro qué era. Meses de buscarle la vuelta, ¿por qué sabría resolverlo ahora? Y el díjo “Hay que hacerlo, alguien tiene que hacerlo”. Y sin preguntar mucho, te cortó. Miré el piso y ahí estaban meses de amarillos, dorados y rosas. Ahí quedó fuera de mi un mar neurótico de preguntas y respuestas. Qué fácil lo resuleve un tercero, no?


Dicen que el pelo es una metáfora. Yo solté medio año de cosas. Qué alivio fue y qué bien se siente dejarse ayudar.


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