• Maggie Giorgi

¿Te cuesta soltar?

Dejar ir. Resignarnos y devolver al mundo lo que ya no precisamos.

Soltar. Qué difícil. Porque claro, no es sólo el hecho de soltar. Significa que tenemos que aceptar que ese algo al que estoy aferrado ya no me representa, no me sirve, no soy yo. Puede ser un trabajo, una pareja, una amistad, incluso una idea. El tema es que si no dejamos ir, ahí empiezan los quistes. Si, cómo en las enfermedades. Una zona que no queremos dejar ir se aferra y encuentra mecanismos cíclicos para quedarse. Y se enquista y enferma. Y repetimos una y otra vez ese mecanismo. Aunque sabemos que nos hace mal. Igual está ahí. Volvemos a arreglar las cosas con esa persona, volvemos a consumir esa sustancia, volvemos a repetir esa conducta. Volvemos a ese trabajo con cara larga. No estamos pudiendo dejar ir cuando algo se repite y no nos completa del todo y al contrario, capaz obstruye. Pero hoy quiero hablar de cuando si dejamos ir. De lo nuevo. Cuando experimentamos ese lugar o estado al que llamaremos de aquí en más, vacío fértil.


Una vez que logramos soltar y quedar disponibles, receptivos a lo nuevo, transformables, experimentamos ese lugar que si bien es un vacío y podría dar vértigo, hay algo de una nueva paz que se experimenta de forma garantizada con una cuota de confianza a lo que va a venir. Como si nuestro cuerpo ya supiera que está bien vaciar para poder llenar de nuevo. Una sabiduría anterior que nos indica que la necedad no es buena sino que la actitud saludable es la humildad ante la incertidumbre, tomar con agradecimiento lo que es nuevo sin presumir. Esta semana una paciente me hizo reír mucho. Ella soltó hace poquito, una angustia que tenia enquistada y claro, está feliz experimentando su vacío fértil. Conociendo lo nuevo, respirando diferente, oxigenándose, permeable a nuevos afectos y vivencias y sobre todo, dispuesta a nuevas formas de hacer las cosas. Entonces me dijo con cara de asombro su gran revelación de la semana “esta vez no quise controlar, dejé quieto todo, no hice todo yo. Y sabes qué pasó? Las cosas pasaron igual! Increíble!” Ya sé no resulta tan cómico leyéndolo así pero les juro que viniendo de alguien que le encanta controlar y hacer las cosas a su manera esa frase fue reveladora y sanadora. Tenía una cara preciosa además cuando lo decía. La sabiduría baja como el agua fría de un baldazo por nuestros cuerpos, empapándonos de una sensación refrescante para dar paso a lo nuevo. Y lo nuevo nos transforma muy desde adentro. Animarse a dejar entrar lo nuevo es un privilegio y la puerta de entrada a la sabiduría más genuina. Mójate con el agua fría esa, vas a ver.

© 2016 by Magela Giorgi.