• Maggie Giorgi

¿Tenés miedo a envejecer?

Vivimos en un mundo obsesionado con la imagen de juventud y belleza. Hasta cierto punto es normal que nadie quiera envejecer, ya que a medida que nos hacemos mayores, perdemos facultades físicas y nuestro estado de salud se vuelve más vulnerable.

Para muchos, la vejez puede ser una época complicada, pues no es fácil asumir que los mejores años de nuestra vida pueden haber pasado.


Aunque todos envejecemos, existe un conjunto de prejuicios y discriminaciones culturalmente arraigadas frente a los ancianos.

Los prejuicios negativos dicen que los viejos son enfermos, deprimidos, pobres; que no tienen sexualidad. Los positivos dicen que son buenos, sabios y amables.


Cuando existe un miedo irracional a hacerse adulto mayor, y ese temor afecta al bienestar de la persona, hay quienes hablan de un trastorno llamado gerascofobia, que obviamente alude al miedo a envejecer.

Horrorizarse con los cambios corporales y mentales producidos por el paso de los años, temor a la dependencia de los demás, pérdida de movilidad, posibilidad de ser llevado a una residencia, cambios en su apariencia o el gradual empeoramiento del estado de salud son algunos pensamientos negativos asociados a este malestar.


La Gerascofobia generalmente empieza a desarrollarse a mediados de los treinta, cuando ocurren las señales de la edad como las arrugas. Al ser consciente de estos cambios, la persona que sufre esta fobia empieza a sufrir un trastorno de ansiedad.

El valor cultural de la juventud, los mensajes como los publicitarios que sobrevaloran la belleza joven y la libertad son agravantes de las creencias irracionales que no llevan a este miedo.


Sin dudas estos miedos y pensamientos negativos tienen que ver con no estar pudiendo aceptar, fortalecido muchas veces por un presente que no nos gusta tanto. De ahí que se evidencia la ansiedad como motor del medio. Y la ansiedad como ya sabemos nos hace correr, tapar nuestra agenda con actividades para no tomar contacto, comer, consumir sustancias, comprar compulsivamente, entre otras cosas.



Pero como muchísimas ansiedades, hay una cura desde el presente. Acá van algunos pilares que tienen que ver con trabajar en tu presente:


- Ocupate hoy de la vida que tenés. Lo ideal es prepararse en la juventud y en la adultez para una vejez saludable. Hacé ejercicio, aprendé a tener una alimentación acorde con lo liviano y productivo, aprendé que cosas te divierten y hacé de eso un hobbie.


- Disfrutá el hoy, el momento que te toca ahora. No hay una mejor etapa de la vida que otra, todas son diferentes y deben ser vividas a plenitud, enfocándose siempre en objetivos claros y constructivos. Es cierto, nos fomentan día a día que no hay como la juventud pero lo cierto es que todas las etapas tienen un misterio por revelarnos. Pero probablemente si tu presente te genera ansiedad, hay algo que podés optimizar de tu día para estar más feliz con el presente que producís.


- No hay que comparar la propia vida con la de amigos o familiares. Todas las personas son distintas. Sin duda compararse nunca es una conducta constructiva.


- Aceptar el ciclo natural, no con resignación sino con plena conciencia. Cuidarse tanto mental como física y espiritualmente y tener un propósito de vida, contribuye a recibir la vejez sin estar deprimidos y permite cambiar el chip que causa el miedo a envejecer, ayudando, hasta el último día, a tener una vida que no para de crecer y que a va a enriquecer a todos los seres queridos.


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