• Maggie Giorgi

Un cuento chino: Dejar entrar lo nuevo

Hay un viejo cuento chino que cuenta la historia de un tipo muy millonario que lo tenía todo pero no era feliz y empieza a quemarse la cabeza pensando qué podría hacer para cambiar esta condición y cambiar su suerte. Arranca por hablar con la gente a ver cómo lo resuelven otros.

Averigua en su círculo de amigos y socios, los consejos son de lo más variado. Desde hacer deporte, viajar al caribe o meditar en las mañanas. Lamentablemente nada de eso parecía funcionar. Por suerte un día se encontró con un tipo conocido de su infancia, que no había tenido grandes logros pero tenía un semblante tan tranquilo y joven que al millo le dio envidia. Y le preguntó cuál era su secreto para ser feliz. El tipo contestó sin misterio, que no siempre fue así. Que lo que lo hizo cambiar fue La Paz que le transmitió la visita del sabio. Un sensei que conoció años atrás. Y sin problemas le dio el contacto. El millonario lógicamente que corrió al visitar al sabio, quien lo atendió en su sala minimalista geográficamente apartada de La Ciudad. Al llegar, se sienta en el piso (porque no había sillas) y entra a hablar de su vida. A contar quien es y a qué se dedica, las parejas que tuvo, etc. El sabio mientras, le ofrece una taza de té. El millo le dice que si, muchas gracias y continúa su relato como para que el sabio luego tuviera información para ayudar y hacer un diagnóstico adecuado. El viejo sabio escucha pero no presta mucha atención. Más bien que lo oye y por momentos muestra un poco de fastidio con tanto ruido. Agarra una taza de té empezada que tenía al otro lado del cuarto, la coloca en el piso frente al millo y empieza a vertirle el líquido mientras el otro le cuenta sobre sus fortalezas y debilidades. Hasta que en un momento la taza se llena, y el sabio sigue dejando caer el líquido y la taza se rebasa, empieza a caer al piso, crece la inundación en el suelo y moja los zapatos de quien estaba hablando. oiga! Se volcó todo!No. Si! Se me mojaron los zapatos. Es que no puedo llenar una taza que ya está llena. Para llenarla tiene que estar vacía. Usted no está vacío. Está lleno de ideas y certezas que lo describen. Para dejar entrar lo nuevo primero hay que vaciar la taza. El millo cerró la boca como con vergüenza y ahí entendió que la sabiduría que encontró ese día no era la que estaba esperando conseguir. Era otra que tampoco estaba seguro de querer escuchar. Por eso se quedó unos minutos en silencio y luego se fue sin tomar el té. Cabizbajo.

:::moraleja:::: El cuento es bastante literal. No se puede llenar algo que ya está lleno. Para dejar entrar lo nuevo hay que poder dejar ir. Una idea. Un síntoma. Una historia. Un personaje. Un rol. Si no vaciamos no dejamos lugar a reinventarnos. Es difícil dejar atrás lo que nos constituye porque nos hace sentir una personalidad, nos aferramos a ella. Pero también sepamos que esa historia que nos da identidad es la que nos condiciona a repetir como sabemos hacer las cosas y así es que hacemos siempre lo mismo. Es mentira que yo soy así y punto, y que no va a cambiar porque siempre fui así. Yo soy lo que quiera ser en el aquí y ahora. Tengo el poder de reinventarme con solo proponérmelo. Tengo el poder de encontrar esos mecanismos que uso siempre y que me tironean a repetir el modo de hacer las cosas y salir de mi zona de confort. Así de mágico.