• Maggie Giorgi

Una carta del Tao: Wu wei y la no acción

La semana pasada tuvimos una hermosa sesión con una paciente que, entre otras cosas, me comentó una frase de cabecera que usa para su vida que en síntesis proponía la idea de que es mejor no forzar las situaciones. Me dejó pensando, cómo diferenciar el fluir con quedarse de brazos cruzados.

Quienes han pasado por mi consultorio tienen la suerte de conocer las cartas del tao. El taoísmo, tradición filosófica de origen chino que tiene como principales maestros a Lao Tsé, Chuang Tsé, Huang-ti (entre muchos otros), elabora un principio básico de integración con la realidad: el wu wei, o también llamado "arte de la no acción". Nos recomienda actuar en el mundo sin forzarlo, comprendiendo el fluir natural de las cosas y las leyes naturales, sin tratar de modificar lo que está sucediendo. 

Según el Tao Te Ching se trata de evitar las intenciones explícitas y la voluntad (asociada a los deseos y caprichos del ego) que obstaculiza el camino correcto, el que fluye sin esfuerzos. "El sabio controla sin autoridad / enseña sin palabras / él deja que todas las cosas asciendan y caigan, / nutre, pero no interfiere, / da sin que le pidan, / y está satisfecho".Cuando uno entra en ese espacio de no-acción, en realidad  ingresa en un espacio más grande, donde deja de haber reacción en términos del ego, de lo que quiero, de lo que necesito, de lo que emerge -sobre todo en el cerebro frontal-. Es ahí que la dimensión del cerebro profundo se activa, y descubrimos que todo el Universo es consciencia, y esa inteligencia se expresa en los animales, en las plantas, en el clima, en las montañas, en todo lo que está vivo. El lugar del wu wei es una no acción desde el ego. Cuando uno se integra a ese movimiento más grande, es la revolución de las cosas en su lugar." Sin esfuerzo: así crecen las plantas, fluyen las corrientes, orbitan los planetas.



Meditación y wu wei

Durante la meditación nos adentramos en la contemplación de los procesos mentales, esa contemplación implica, entre otras cosas, mirar el fluir rítmico de pensamientos o imágenes aceptándolos y al mismo tiempo, dejándolos ir. A medida que avanzamos comenzamos a desarrollar al 'observador': la parte consciente de uno mismo que existe independientemente de los pensamientos o sensaciones corporales que aparezcan. La función de esa parte del 'yo espiritual' es fundamental, ya que al tomar distancia y separarse de los pensamientos no alimenta el diálogo interno y nos permite lograr esa tan buscada paz interior que hace fluir mejor las cosas.

Entrar en contacto con la no acción me permite un nuevo punto de vista, una actitud de contemplación y asimilación del afuera, sacándome del lugar protagonista.

Es terapéutico, es desarticulado del ego, es sano practicarlo, al menos una vez al día.


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